01/08/2009

Construcción de un tejado con paja de centeno

ampliar Construcción de un tejado de paja de centeno en Santa Cruz de la Serós

Antecedentes:

Ya desde el neolítico (hace entre 7.000 y 5.000 años) las poblaciones de los primeros agricultores-ganaderos del actual Altoaragón emplearon variedades de centeno provenientes de sucesivas selecciones de cereales silvestres. La percepción de los recursos se comprendía desde la multifuncionalidad, por tanto no es de extrañar que el cultivo del centeno fuera conservado a lo largo de los siglos para la obtención de grano de excelente calidad, aprovechado por personas y sus animales, así como para obtener paja cuya previa preparación permite obtener paja limpia, larga y resistente a la podredumbre, utilizable en infinidad de objetos e infraestructuras. Así, hasta tiempos muy recientes, la paja de centeno se ha empleado entre otras cosas para construir tejados, reforzar piezas propias del oficio de bastero (bastes, albardas, aparejos, colleras, etc.) y para confeccionar ligaduras (“benzejos”) para atar los fajos de trigo. Ésta última función fue la única que justificó el cultivo de centeno hasta mediados del siglo XX, periodo a partir del cual se importaron cuerdas de esparto provenientes de tierra baja, más fuertes y resistentes, hecho que propició el definitivo abandono del cultivo de centeno en el Altoaragón.

En el caso del valle de Chistau (Ribagorza), el aislamiento geográfico favoreció la conservación de la variedad de centeno pirenaico para diversos usos, fundamentalmente para la construcción de cubiertas en las bordas de nivel subalpino (+de 1.600 m. S/M), destinadas a albergar ganado en su planta baja y forrajes en la superior. La escasez de material geológico adecuado (losas) para techumbres en dicha zona ayudó al mantenimiento del cultivo del centeno. Ya en los años 70, coincidiendo con la despoblación y la consecuente pérdida cultural, las gentes del valle optaron por adquirir materiales comerciales (Uralita) para cubrir las bordas, dejando de lado el centeno.

Hace pocos años Federico Fillat del Instituto Pirenaico de Ecología de Jaca, sensible ante esa pérdida cultural se propuso recuperar el último centeno Altoaragonés, fomentando su cultivo y posterior utilización. Cual fue su sorpresa al intentar adquirir semillas que, después de arduas tareas para fidelizarse con los aldeanos, descubrió que tan sólo quedaban 60 gramos que atesoraban dos abuelas de San Juan de Plan (¡!).

A partir de ahí Fillat sembró las semillas durante años hasta conseguir cosechas algo sustanciosas que asegurasen la pervivencia de la variedad. Tras ello se propuso fomentar la utilización de la producción del centeno recuperado y, tras varios intentos fallidos, topó con Riorcal que decidió apostar por su cultivo y posterior transformación para distintos usos, entre ellos la construcción de tejados. Fillat no se detuvo y participa activamente en el seguimiento de todo el proceso, todo un consuelo en la ardua tarea de recuperar aspectos de la cultura ancestral.

El laboreo y la siembra del centeno:

Para la confección del tejado de la pequeña borda en Riorcal se ha empleado centeno sembrado a boleo en octubre por la familia de la pardina de Lacuey (Santa Cruz de la Serós) en la finca del Boalar, propiedad del C.S.I.C., y de centeno sembrado en la finca Riorcal (Santa Cruz), éste último con laboreo de tracción animal (burro con grada) y siembra manual

La siega:

Para conservar intacta la paja del centeno el sistema mejor para segarla es con hoz, quedando intacta e igualada. La guadaña, aun con “restrillo” que ayuda a agruparla, no da tan buen resultado como la hoz, siendo éste el método más antiguo y empleado en exclusiva hasta mediados del siglo XIX. Con ayuda de Leonardo, jubilado oriundo del vecino pueblo de Atarés, se segaron en julio algo más de 1.000 m2 de sembrado. Una vez segado se organizó en “garbas” o fajos de un grosor abarcable con las dos manos y atados con manojos de la propia paja.

El mallado o tochado:

Una vez segado el centeno hay que desgranarlo mediante el “tochado” o “mallado” que consiste en golpear repetidas veces cada fajo contra una losa o tabla ancha vertical. En la base se coloca una sábana para recibir el grano. Para repasar el grano no desprendido se emplea el “trinquete”, pequeño palo manual (posible origen del “paloteao”¿?). Finalmente como resultado de la operación surge la “borra”, mezcla de pajas y espigas desprendidas que nosotros ofrecemos a cerdos y gallinas capaces de consumir el grano residual y empleando el resto como cama. El grano contenido en la sábana se “avienta” para eliminar las impurezas. Éste año llevamos cosechados más de 100 Kg. de grano.

Limpieza de la paja:

Los fajos de paja “tochados” deben ser limpiados de hojas, pajas cortas y malas hierbas. Para ello se hace pasar repetidamente cada fajo por una horca fijada verticalmente hasta que queden las cañas desnudas. De resultas queda también “borra”, ésta vez sin apenas grano, que servirá de forraje y de cama.

Construcción del tejado:

La estructura del tejado debe ser la apropiada para la colocación de fajos de paja. La inclinación de las vertientes no conviene que posea más de 45 grados para así expulsar el agua con rapidez. Sobre las vigas inclinadas (“juntas”) se colocan tablillas horizontales de 10 cm. de anchura y separadas entre sí unos 40 cm.

Entre esas tablillas y unos palos exteriores (“presueras”) se colocará la paja que será fijada con cuerdas de mimbre. Las “presueras” pueden hacerse con ramas de fresno resultantes de podas realizadas a finales de agosto o con jóvenes pinos cortados en aclareos invernales. El mimbre debe ser podado en invierno para garantizar su calidad. Si se almacena en seco debe ser remojado durante semanas para que vuelva a ser flexible y para emplearlo requiere retorcerlo para aumentar su resistencia. Para facilitar que penetre entre la paja se le hará punta con una navaja.

Una vez fijada la primera fila de paja se coloca la superior que deberá cubrir la “presuera” y el mimbre de la primera y así sucesivamente hasta llegar a la última, la “capellera”. Todas las filas tendrán la paja con sus espigas hacia arriba mientras que en la “capellera” se orientarán hacia abajo.

Así, ninguna “presuera” y sus mimbres estarán a la vista excepto las de la “capellera”, esta vez sujeta con dos “presueras” horizontales. Para proteger los mimbres que fijan éstas últimas se tapará con fajos de paja.

En la borda de Riorcal se ha incorporado una lucana para proporcionar la tan necesaria luz al gallinero así como para poder alimentar a los cerdos desde el exterior.

El resultado es un tejado estanco que además aisla el interior del frío y el calor. La durabilidad de estos tejados supera las tres décadas excepto la “capellera” que debe reponerse cada 10 años.
Riorcal
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